2/7/2005

Exitos y fracasos de Chile

A 25 años de iniciado un proceso sostenido de crecimiento económico, Chile es hoy un país que nos sorprende cada vez que lo visitamos. Por un lado, la realidad de sus datos macroeconómicos: el producto bruto es tres veces mayor que en 1979, habiendo crecido a ritmo constante, con años en que lo hizo a más del 12%. Las exportaciones pasaron de 3800 a 32.000 millones de dólares. Y la tasa de inversión se consolidó desde 1988 en niveles superiores al 20% del PBI, llegando en años a más del 27%. Gracias a ese desempeño y a la racionalidad con que actúa, se ha ganado un reconocimiento internacional que lo ubica muy por encima del puesto que le correspondería por la dimensión de su economía.

Los principales beneficiarios han sido los grandes empresarios y el sector de la clase tradicional que se adaptó a la dinámica y a la modernidad. El país cuenta con una estructura de corporaciones nacionales de primerísimo nivel, a la que solamente superan las de México y Brasil en la región, pero mucho más sólida, importante y proyectada internacionalmente que las de la Argentina, Venezuela o cualquier otro país de América latina. Ese sector ha sido -y es- un factor de empuje y arrastre para toda la economía. Su fuerza se apalancó hasta ahora en la explotación de recursos naturales y productos primarios o en los servicios para consumo interno: la banca, el comercio o los fondos de pensión.

Pegado a ese sector, hay una capa de clase media alta y grupos tradicionales (entre el 10 y el 15% de la sociedad) que se prendió al proyecto de aquél, vendiéndole apoyos logísticos y servicios y que ha tenido también un progreso espectacular, consiguiendo un nivel de vida que envidiarían sus pares de más de un país desarrollado.

Hay otra parte de la clase media que pudo entrar (en torno del 30% de la población) en el juego. Son, entre otros, los funcionarios y empleados de todas aquellas estructuras y empresas que participan del proyecto y los obreros de las industrias más dinámicas, que con sacrificio y en un plano mucho más modesto, pudieron evolucionar, acceder a una vivienda moderna aunque reducida.

Hay aproximadamente otra mitad de la sociedad que recibió poco del festín. Es la capa inferior de la pirámide; las poblaciones rurales, los obreros de la minería y de otras industrias en sectores geográficos o actividades marginales.

No obstante, su condición mejoró sensiblemente desde los años en que solían venir en masa a la Argentina en busca de empleo. Cuentan hoy con empleo y con un Estado que ha evolucionó a la par del país y que ha mejorado notoriamente los servicios públicos y sobre todo la infraestructura. Pero tampoco hay dudas de que su participación en los beneficios ha quedado rezagada en relación con otros sectores. Hay que admitir que el programa educativo para capacitarlos y elevarlos no dio los resultados esperados y el sistema vigente tiende a consolidar el statu quo social.

A ellos apunta el senador Adolfo Zaldívar, presidente de la Democracia Cristiana, que a pesar de ser miembro de la Concertación -el grupo de partidos que llevó a Lagos a la presidencia- aparece como el principal crítico al actual modelo económico.

Otra dificultad que se vislumbra en el desarrollo futuro de Chile es que hasta ahora los agentes dinámicos han sido la imaginación y el profesionalismo con que los sectores empresarios chilenos han puesto en valor los productos, desde la fruticultura, los vinos, la pesca, el papel y la madera o la minería. El problema es transformarse en una sociedad que pueda vender al mundo servicios o productos industriales más sofisticados. Otro desafío que el fuerte crecimiento no pudo resolver es el marcado contraste socioeconómico entre Santiago y las otras ciudades. No obstante, da la sensación de ir avanzando con firmeza y en armonía hacia su destino.

Clave para que el proyecto no se truncara, fue la madurez que demostró la clase política. Debe destacarse la convivencia entre los grupos de derecha que iniciaron el cambio, apañados en una cruel dictadura militar (y como hemos visto ahora, también corrupta) y la coalición de centroizquierda que tomó la posta -que lleva ya 15 años en el poder y va a la cabeza en las encuestas para continuar por otros 5- que sin resentimientos ni prejuicios entendió que el factor fundamental para sostener el crecimiento era mantener intactas las condiciones que incentivaran una alta tasa de inversión.

A mi entender, el mayor éxito de Chile en estos 25 años de cambio es el haber evitado (por momentos llegó a tener niveles de desocupación próximos al 30%) el nacimiento y afianzamiento de esas trágicas y vergonzantes realidades sociales que son las villas de emergencia y las favelas, que humillan a países como la Argentina y Brasil. Esa es a mi modo de ver la mayor victoria de Chile.

Para la Argentina, es éste uno de los desafíos más graves: los bolsones de extrema pobreza y miseria. Es un problema que debería ser prioridad nacional, con el objetivo claro de erradicarlo en 10 o 15 años. Es un tema difícil y complejo, donde juegan no sólo factores económicos sino también culturales.

Es una herida profunda, que no se sana con "curitas", llámense éstas planes trabajar o jefas y jefes de familia.

Si no curamos esta lacra que pesa sobre las espaldas de todos los argentinos, estaremos condenando al país a la mediocridad, a ser un caldo de injusticias que alimentarán a su vez la inseguridad y el odio entre los argentinos.